José Antonio González
A primera vista, muchos podrían pensar que la mayor amenaza para el Partido Revolucionario Moderno (PRM) rumbo al 2028 está en el avance de la oposición. Pero la realidad parece ser otra. El verdadero riesgo podría estar en la propia indecisión del partido y en seguir aplazando una definición que el momento político ya está reclamando.
En política, esperar demasiado también tiene un costo. Y para un partido que aún tiene la posibilidad de mantenerse en el poder, dejar pasar el tiempo sin una figura claramente posicionada puede terminar convirtiéndose en un error difícil de corregir más adelante.
Si el PRM quiere llegar fortalecido a las próximas elecciones, tiene que entender algo básico: el tiempo político no se detiene. Mientras algunos ya están moviendo sus fichas con claridad, dentro del oficialismo todavía da la impresión de que se sigue calculando un paso que debió comenzar a darse hace tiempo.
Hoy resulta evidente que el PRM no puede continuar postergando una decisión que tarde o temprano tendrá que asumir. Ha llegado el momento de colocar a David Collado en las calles como su principal figura presidencial con miras a las elecciones de 2028.
Mientras tanto, la oposición ya comenzó a organizarse. En el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), todo apunta a que Gonzalo Castillo podría volver a convertirse en la principal apuesta, no solamente por la cercanía que mantiene con Danilo Medina, sino porque representa una pieza importante para preservar el control interno de esa organización.
En la Fuerza del Pueblo el panorama luce todavía más claro. Allí prácticamente no se observa una competencia real frente a Leonel Fernández, que continúa siendo el liderazgo central y la figura de mayor peso dentro de esa estructura política.
Frente a ese escenario, el PRM no puede darse el lujo de esperar otro año para definir su candidatura presidencial. Y si se analiza con frialdad quién podría ofrecerle mayores garantías de continuidad al partido, muchas miradas terminan coincidiendo en un mismo nombre: David Collado.
La organización debería tomar esa decisión entre septiembre y octubre de este mismo año para comenzar desde ahora a reorganizar su maquinaria política y enfocar sus esfuerzos en el 2028. De no hacerlo, el riesgo es claro: seguir cediéndole espacio a una oposición que ya está recorriendo el país, fortaleciendo estructuras y conectando con un electorado que poco a poco empieza a mirar hacia la próxima contienda.
Tampoco se puede ignorar que el PRM enfrenta desafíos tanto dentro como fuera del gobierno. La economía influye directamente en el estado de ánimo de la población, y cuando la gente siente presión en el bolsillo, la percepción política cambia con rapidez. Por eso el oficialismo necesita una figura fuerte, visible y capaz de mantenerse en el centro de la conversación nacional.
La política tiene una verdad sencilla: quien tarda demasiado en decidir, casi siempre termina reaccionando cuando ya es tarde.
El PRM todavía está a tiempo de tomar el control de su propio destino.
Pero el reloj político ya empezó a correr.
