En los últimos días, el ministro de Trabajo de la República Dominicana ha reiterado algo que ya establece claramente el Código de Trabajo: ningún trabajador debe laborar más de ocho horas diarias ni más de cuarenta y cuatro horas semanales sin recibir el pago correspondiente por horas extras y recargos nocturnos.

La legislación dominicana no deja espacio a dudas. El artículo 147 del Código de Trabajo establece que la jornada ordinaria no puede exceder las 8 horas diarias ni las 44 semanales. Los artículos 203 y 204 disponen además que las horas extraordinarias deben pagarse con recargos y que el trabajo nocturno debe recibir un aumento adicional de al menos un 15 %.

Entonces surge una pregunta incómoda, pero necesaria:

¿Por qué esa discusión casi nunca incluye a los bomberos dominicanos?

Mientras en el sector privado se debate sobre jornadas excesivas, horas extras y derechos laborales, miles de bomberos en República Dominicana continúan trabajando turnos de 24 horas consecutivas, muchas veces sin pago de horas extras, sin compensación nocturna y con salarios que apenas rondan los RD$15,000 mensuales en numerosos municipios.

Y aquí es donde el debate deja de ser jurídico para convertirse en un tema de dignidad humana.

Porque el bombero no es un voluntario ocasional cuando está de servicio. Está disponible las 24 horas. Está expuesto al fuego, humo, estrés extremo, accidentes de tránsito, rescates, materiales peligrosos y emergencias médicas. Es decir, permanece bajo disposición permanente de la institución, justamente lo que el propio Código de Trabajo define como jornada laboral.

¿Están los bomberos excluidos de estos derechos?

En la práctica, sí.
En la justicia laboral y moral, no debería ser así.

Muchos ayuntamientos y cuerpos de bomberos operan bajo esquemas heredados del militarismo tradicional, donde se normalizó que el servicio se mide por sacrificio ilimitado y no por criterios técnicos, humanos y profesionales.

Sin embargo, el servicio bomberil moderno no puede seguir funcionando bajo la lógica de “aguantar por vocación”.

La vocación no paga comida.
La vocación no sustituye el descanso.
La vocación no elimina el agotamiento físico ni mental.

Y mucho menos apaga incendios por sí sola.

El problema del militarismo dentro del sistema bomberil

Uno de los mayores obstáculos para dignificar la carrera bomberil en República Dominicana ha sido precisamente la cultura del militarismo improductivo sobre el tecnicismo profesional.

El bombero moderno debe ser visto como un técnico especializado en gestión de emergencias, rescate, prevención, materiales peligrosos, atención prehospitalaria e incident command system, no simplemente como una figura disciplinaria que “cumple guardia”.

Los países con mejores sistemas de emergencia del mundo han entendido algo fundamental: mientras más capacitado y profesional es el bombero, mejor debe ser remunerado y mejores deben ser sus condiciones laborales.

No se puede exigir preparación técnica internacional, certificaciones, disponibilidad permanente y alto rendimiento operativo mientras se mantienen salarios de miseria y jornadas agotadoras.

Una jornada de 24 horas no puede normalizarse sin regulación

El propio Código de Trabajo contempla excepciones para trabajos continuos, pero incluso en esos casos establece límites y obliga al pago de horas extraordinarias cuando se exceden las 44 horas semanales.

Un bombero que realiza guardias de 24×24 o 24×48 fácilmente supera el límite semanal legal. Además, gran parte de esas horas incluyen trabajo nocturno, activaciones constantes y permanencia obligatoria en estación.

Pretender que eso no genera derechos laborales es desconocer la realidad operativa del servicio de emergencias.

El país necesita decidir qué tipo de sistema bomberil quiere

No se puede seguir exigiendo profesionalismo con salarios de subsistencia.

No se puede pedir eficiencia operativa mientras muchos bomberos trabajan agotados física y mentalmente.

No se puede hablar de modernización institucional mientras se mantienen esquemas laborales propios de hace décadas.

La discusión que hoy abre el Ministerio de Trabajo debería servir también para poner sobre la mesa una deuda histórica con los cuerpos de bomberos del país.

Porque si la ley protege al trabajador que excede las 44 horas semanales, entonces también debe proteger al hombre y la mujer que pasan noches enteras respondiendo incendios, accidentes y emergencias mientras el resto de la sociedad duerme.

Y esa conversación ya no puede seguir posponiéndose.

Por Héctor Julio Peña

Editor 849 Noticias

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