La oposición que hoy exige reformas y mejoras parece haber olvidado que, durante sus veinte años en el poder —en medio de una economía global en expansión y de relativa estabilidad social— pocas veces impulsó cambios estructurales de fondo. Ahora, cuando el gobierno propone medidas para corregir desequilibrios históricos, se limitan a rechazarlas sin ofrecer alternativas viables: no buscan mejorar, sino desacreditar para que el país fracase y ellos lleguen al poder por la crisis, no por la fuerza de sus propuestas.

Curiosamente, lo primero que hizo el presidente Danilo Medina al asumir en 2012 fue encarar la reforma fiscal, abriendo espacios presupuestarios que permitieron inversiones en infraestructura, salud y educación. Hoy, después de más de ocho años arrastrando un déficit heredado y agrandado por falta de disciplina financiera, esa reforma sigue siendo urgente. La oposición, sin embargo, la rechaza como si desconociera el problema, ignorando que sin recursos saneados no hay modo de financiar los servicios públicos ni de impulsar el crecimiento.

La verdadera responsabilidad política exige no sólo objetar, sino proponer. Quienes sólo critican sin construir ponen por delante el cálculo electoral de corto plazo y condenan al país a un estancamiento que, al final, les será también perjudicial. Si de verdad se preocupan por el bienestar nacional, deberían retomar el debate fiscal con seriedad y no quejarse tanto.

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Edgar Caraballo

Ingeniero Electromecánico

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