Hay decisiones de gobierno que pueden medirse en pesos, empleos, inversiones y tarifas. Y hay otras que, aunque tengan una dimensión económica, deben analizarse desde la seguridad nacional, la geopolítica y las alianzas estratégicas. La entrada de Viettel al mercado dominicano pertenece a esta segunda categoría.

El presidente Luis Abinader ha defendido la decisión desde un argumento entendible: República Dominicana necesita más competencia, mejores servicios y tarifas más bajas. Y es verdad. Pero ese argumento económico no responde la pregunta fundamental: ¿qué costo geopolítico puede tener colocar infraestructura estratégica de telecomunicaciones en manos de un operador estatal vietnamita en medio de la creciente competencia tecnológica entre Estados Unidos y China?

El problema no son los tenis Nike

Podemos comprar tenis estadounidenses, teléfonos coreanos, vehículos japoneses o cualquier otro producto extranjero. Eso es comercio internacional. Pero una red 5G no es un par de tenis.

Una red 5G es infraestructura crítica. Por ella circularán comunicaciones, datos y servicios esenciales. Por eso las grandes potencias analizan estas tecnologías desde una perspectiva de seguridad nacional y no solamente desde la competencia comercial.

De modo que responder a una preocupación geopolítica diciendo que habrá más competencia y que bajarán las tarifas es responder una pregunta distinta. La competencia puede ser buena para el consumidor y, al mismo tiempo, una decisión tecnológica puede ser riesgosa desde el punto de vista geopolítico.

Danilo Medina ya jugó la carta de la soberanía

Hay un antecedente que el Gobierno debería estudiar con mucho cuidado. En 2018, el Gobierno de Danilo Medina rompió relaciones diplomáticas con Taiwán y estableció relaciones con la República Popular China. La decisión fue defendida como un acto soberano y una oportunidad económica para el país.

Pero Washington no la recibió como un simple asunto bilateral entre Santo Domingo, Taipéi y Beijing. La administración de Donald Trump llamó a consultas a sus embajadores en República Dominicana, Panamá y El Salvador en el contexto de los cambios diplomáticos de esos países respecto a Taiwán.

La República Dominicana ejerció su soberanía, pero también descubrió que las decisiones soberanas tienen consecuencias geopolíticas.

Ahora el escenario es mucho más agresivo

Y aquí es donde el Gobierno debería prestar atención. Aquella decisión ocurrió durante una administración demócrata, un Washington que, aunque también tenía una política de contención frente a China, utilizaba generalmente instrumentos diplomáticos con menor intensidad que el actual Gobierno republicano.

Donald Trump ha llevado la competencia con China a un nivel mucho más agresivo, utilizando con mayor intensidad las herramientas comerciales, tecnológicas y diplomáticas de Estados Unidos.

Esto no significa que Washington vaya automáticamente a sancionar a República Dominicana por Viettel. Significa que sería una enorme ingenuidad actuar como si Estados Unidos fuera indiferente a quién controla infraestructura tecnológica estratégica en el Caribe.

Viettel no es simplemente otra telefónica

Viettel es el grupo de telecomunicaciones de Vietnam y su brazo internacional ha obtenido en República Dominicana espectro para desplegar servicios 4G y 5G. Estamos hablando, por tanto, de una infraestructura que tendrá una presencia estratégica de largo plazo en el país.

Vietnam, además, mantiene relaciones tecnológicas con empresas chinas como Huawei y ZTE. Esto no demuestra que Viettel vaya a utilizar tecnología china en República Dominicana, pero sí justifica preguntas que el Gobierno debería responder públicamente.

¿Qué equipos utilizará Viettel? ¿Quién suministrará el núcleo de la red? ¿Qué proveedores tecnológicos estarán involucrados? ¿Habrá auditorías independientes? ¿Existirán cláusulas que impidan proveedores considerados de alto riesgo? ¿Dónde se procesarán los datos? ¿Quién tendrá acceso administrativo a la infraestructura?

Estas no son preguntas anticompetitivas. Son preguntas de seguridad nacional.

El problema puede ser aferrarse al error

Los gobiernos se equivocan. Danilo Medina pudo haberse equivocado en el cálculo político de la decisión sobre Taiwán. Miguel Vargas pudo haberse equivocado al valorar las implicaciones estratégicas de determinadas decisiones tecnológicas. Y el Gobierno de Luis Abinader también puede equivocarse.

Lo verdaderamente peligroso es aferrarse al error para no admitirlo.

Mientras una decisión pueda revisarse, condicionarse, blindarse o corregirse, existe margen de maniobra. Pero cuando el Gobierno convierte una decisión cuestionada en una batalla política y comienza a defenderla únicamente para no reconocer una posible equivocación, el problema cambia de dimensión.

Ahí es donde una equivocación puede convertirse en una pifia galáctica.

Competencia sí. Ingenuidad geopolítica, no.

República Dominicana necesita competencia. Los consumidores necesitan mejores servicios y precios. Pero competencia y seguridad nacional no son conceptos incompatibles.

El Gobierno puede permitir la entrada de capital extranjero y establecer simultáneamente controles tecnológicos estrictos: transparencia sobre proveedores, auditorías de ciberseguridad, protección de datos, cláusulas de exclusión y mecanismos de supervisión estatal.

Lo que no puede hacer es utilizar la necesidad de competencia como respuesta suficiente a una preocupación que pertenece a otro ámbito.

Un mercado más barato no necesariamente es un mercado más seguro.

El PRM debe mirar más allá de 2028

El PRM no puede pensar solamente como Gobierno. Tiene que pensar también como partido que quiere seguir gobernando.

Si una decisión tecnológica termina generando tensiones innecesarias con Estados Unidos, el costo no necesariamente aparecerá mañana en forma de una declaración diplomática. Puede aparecer mediante presión económica, restricciones tecnológicas, dificultades de cooperación o pérdida de confianza.

Y en política importa no solamente quién toma una decisión, sino quién termina pagando la factura cuando llegan sus consecuencias.

El Gobierno puede tener razón al decir que necesitamos competencia. Puede tener razón al defender mejores precios. Pero ninguna de esas razones elimina la pregunta estratégica: ¿estamos seguros de que esta decisión no colocará a República Dominicana en una posición incómoda frente a su principal aliado económico, comercial y estratégico?

La soberanía también exige inteligencia

República Dominicana es un Estado soberano. Nadie discute eso.

Pero soberanía no significa que podamos tomar cualquier decisión sin calcular las consecuencias que producirá en nuestra relación con otros países.

Los países pequeños tienen soberanía, pero los países grandes tienen poder. La verdadera inteligencia diplomática consiste en ejercer la primera sin ignorar el segundo.

Danilo Medina ya jugó la carta de la soberanía con China. Ahora el Gobierno de Abinader corre el riesgo de volver a jugarla, esta vez con una infraestructura tecnológica estratégica y en un escenario internacional mucho más agresivo.

Ojalá todavía haya tiempo para corregir, condicionar y blindar la decisión. Porque hay algo mucho más peligroso que reconocer un error: convertir el error en una cuestión de orgullo.

El PRM no necesita que nadie lo saque del poder. Puede bastar con que el Gobierno haga un mal calculo geoestrategico, se resista a reconocerlo y termine RD pagando una factura geopolítica que hoy todavía estamos a tiempo de evitar.

Jugar a la soberanía con Viettel puede sacar al PRM del Gobierno, soberanamente.

Y en geopolítica, las consecuencias las paga, casi siempre, el que gobierna.

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Edgar Caraballo

Ingeniero Electromecánico

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