Hay errores políticos que no se pagan inmediatamente. Se pagan cuando cambia el escenario internacional y aquello que parecía una simple decisión administrativa termina convirtiéndose en un problema de Estado.
Guido Gómez Mazara acaba de cometer el mismo error que Miguel Vargas. Y esta vez puede meter en aprietos al Gobierno de Luis Abinader.
En abril de 2018, Miguel Vargas, como canciller de Danilo Medina, condujo el establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular China y la ruptura con Taiwán. República Dominicana cambió de aliado diplomático en medio de una creciente disputa estratégica entre Washington y Beijing.

El gobierno del PLD quiso vender aquello como una oportunidad económica. Pero Washington lo leyó también desde la geopolítica. Un año después, el 10 de julio de 2019, Mike Pompeo llamó a Danilo Medina. El Departamento de Estado hizo pública la conversación al día siguiente y expresó la preocupación estadounidense por la situación política e institucional dominicana.

No sería serio afirmar que aquella llamada fue exclusivamente consecuencia de la apertura dominicana hacia China. Pero tampoco sería serio desconocer el contexto geopolítico en el que ocurrió. República Dominicana había dado un giro estratégico hacia Beijing precisamente cuando Estados Unidos comenzaba a considerar la expansión china en América Latina y el Caribe como un asunto de seguridad.
El resultado político llegó en 2020: el PLD perdió el poder.
Hoy Guido Gómez Mazara parece estar repitiendo el mismo error, aunque desde un escenario todavía más sensible.
INDOTEL acaba de adjudicar a la vietnamita Viettel 240 MHz del espectro radioeléctrico, en las bandas de 700 MHz, 2.3 GHz y 3.6 GHz, mediante una concesión de 20 años.
Viettel no es una empresa privada extranjera cualquiera. Es una compañía estatal vietnamita vinculada directamente al aparato de defensa de Vietnam. Y estamos hablando de telecomunicaciones: una infraestructura crítica por donde circularán durante décadas las comunicaciones y los datos de millones de dominicanos.

El problema no es que Viettel sea vietnamita. El problema es que estamos tomando una decisión estratégica en medio de una guerra tecnológica mundial y aparentemente sin medir suficientemente sus implicaciones geopolíticas.
Vietnam, además, está estrechando sus vínculos tecnológicos con China. Huawei y ZTE han conseguido contratos para redes 5G en ese país, y Huawei ha establecido acuerdos de transferencia tecnológica con Viettel.
Es decir: mientras Estados Unidos intenta contener la expansión tecnológica china, República Dominicana está incorporando a su infraestructura crítica a una empresa estatal de un país que, simultáneamente, profundiza su cooperación tecnológica con empresas chinas.
¿Puede Viettel operar correctamente? Por supuesto.
¿Significa esto que Viettel entregará información dominicana a China? No existe evidencia para afirmarlo.
Pero esa no es la pregunta correcta.
La pregunta correcta es si un Estado pequeño, aliado estratégico de Estados Unidos y profundamente integrado económicamente con ese país, debe introducir en su infraestructura crítica una compañía estatal extranjera sin evaluar públicamente todas las implicaciones de seguridad, inteligencia tecnológica, soberanía de datos y alineamiento geopolítico.
Y aquí es donde Guido vuelve a cometer el mismo error de Miguel Vargas: mirar una decisión estratégica desde la estrecha perspectiva de un negocio.
Pero Washington no está mirando el mundo así.

Donald Trump ha convertido los aranceles, las cadenas de suministro y la procedencia del capital y la tecnología en instrumentos de política exterior. República Dominicana acaba de recibir un nuevo golpe arancelario de 12.5 % sobre sus exportaciones hacia Estados Unidos, en una administración estadounidense que está examinando agresivamente las relaciones comerciales de sus socios y la penetración económica de China.
En este contexto, el Gobierno dominicano necesita hacer algo más que preguntarse cuánto pagará Viettel por el espectro.
Debe preguntarse cómo interpretará Washington esta decisión.
Porque Estados Unidos es nuestro principal socio comercial, nuestro principal mercado de exportación y un socio estratégico en materia de seguridad. El CAFTA-DR constituye, además, una de las columnas vertebrales de nuestra relación económica con Estados Unidos.
Por eso Guido no está tomando una decisión aislada.
Está tomando una decisión que puede terminar siendo cobrada políticamente al Gobierno de Luis Abinader.
Y ese es precisamente el peligro.
Abinader puede terminar pagando políticamente una factura que no generó directamente.
Miguel Vargas tomó una decisión que Danilo Medina presentó como una oportunidad para la República Dominicana. El costo geopolítico terminó cayendo sobre el gobierno del PLD.
Ahora Guido Gómez Mazara está haciendo algo parecido desde INDOTEL: una decisión aparentemente comercial que puede convertirse en una señal geopolítica.
La diferencia es que esta vez el contexto internacional es mucho más peligroso.
Trump está gobernando con la lógica de America First. Los aranceles son utilizados como instrumento de presión. Washington está observando con mucha mayor atención quién compra, quién vende, quién invierte y, sobre todo, quién controla infraestructura estratégica en su entorno hemisférico.
Y en ese escenario, República Dominicana no puede darse el lujo de enviar señales contradictorias.
Porque si Washington entiende que mientras Estados Unidos nos protege económicamente y sostiene una relación estratégica privilegiada con nosotros, Santo Domingo está entregando espacios cada vez más sensibles a empresas estatales extranjeras vinculadas a países que mantienen relaciones tecnológicas con China, la reacción puede no limitarse a una llamada diplomática.
Puede venir presión comercial.
Puede venir presión política.
Puede venir presión tecnológica.
Puede venir revisión de acuerdos.
Y puede venir, sencillamente, una pregunta incómoda desde Washington:
¿De qué lado está República Dominicana cuando la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China deje de ser una disputa comercial y se convierta definitivamente en una disputa de seguridad?
Ese es el problema que Guido Gómez Mazara parece no estar viendo.
Miguel Vargas abrió la puerta diplomática a China y puso al PLD frente a Washington. Guido está abriendo ahora una puerta tecnológica que puede poner al Gobierno de Abinader frente al mismo dilema.
La historia no siempre se repite.
A veces simplemente cambia de funcionario.
Y esta vez, el que puede terminar pagando la factura no es Guido: es el Gobierno de Abinader.
Redacción 849noticias.com
