Por: Héctor Peña (Mayor CB Voluntario)
En el Congreso Nacional descansa un anteproyecto de ley de reforma bomberil que, lejos de fortalecer a esta institución, amenaza con debilitarla de manera peligrosa. Una de las disposiciones más preocupantes es la eliminación de los rangos y la disciplina militar en los cuerpos de bomberos, lo que constituiría un error histórico y un golpe directo a la organización y esencia de una institución que, desde sus orígenes, se ha regido por la jerarquía y el orden.
La disciplina militar y los escalafones jerárquicos no son un simple adorno en la estructura bomberil; son la columna vertebral que garantiza la obediencia, el respeto y la capacidad de respuesta en situaciones de emergencia. En un país donde los bomberos ya enfrentan limitaciones de recursos, carecen de presupuesto suficiente y luchan contra la falta de organización, despojarles de este principio sería condenarlos al desorden y a la ineficiencia.
Lo que debe contemplar la verdadera reforma bomberil
Una reforma seria y responsable debe priorizar los siguientes puntos:
- Un aumento sustancial en la partida presupuestaria para que los bomberos cuenten con equipos, uniformes y herramientas modernas.
- El fortalecimiento del entrenamiento y la disciplina militar, única garantía de una respuesta efectiva y coordinada ante emergencias.
- El respeto a los escalafones y rangos bomberiles, tal como fueron concebidos desde la creación de la institución.
- Convertir a los bomberos en una institución nacional, no municipal, para unificar criterios, recursos y estrategias.
- La creación de la carrera del bombero y de una Escuela Nacional de Capacitación Bomberil, que forme profesionales altamente entrenados y dignifique la labor bomberil.
Eliminar los rangos sería despojar a los bomberos de su identidad y esencia, borrando de un plumazo más de un siglo de historia y disciplina.
Breve repaso histórico
El Cuerpo de Bomberos de la República Dominicana fue creado el 8 de mayo de 1880 por decreto del héroe de la Restauración, general Gregorio Luperón (Decreto No. 1851). Posteriormente, en 1912, dicho decreto fue elevado a Ley, consolidando la existencia de esta institución en las principales ciudades del país.
En 1893, el presidente Ulises Heureaux (Lilis) designó al coronel Ángel Perdomo para organizar un cuerpo de bomberos con disciplina militar, cuya excelencia llegó a superar al propio ejército de la época, motivo por el cual fue ascendido al rango de general. Desde entonces, quedó establecido que el orden, la disciplina y la jerarquía militar son inseparables del quehacer bomberil.
Una reforma sin los bomberos no es reforma
No se puede, ni se debe, aprobar una ley que afecte directamente a los bomberos sin consultar a sus verdaderos protagonistas. Solo los bomberos saben qué les conviene y qué no. Jamás terceros deben tomar decisiones que comprometan la operatividad de una institución que pertenece al pueblo y que se sacrifica día y noche para salvar vidas y bienes.
Si el Estado realmente quiere reformar los cuerpos de bomberos, debe convocar un Congreso Nacional de Bomberos, en el que cada intendente, después de consultar a su personal, lleve propuestas claras y realistas. Solo después de este proceso democrático se podrá redactar un anteproyecto de ley que responda a las necesidades reales de la institución.
De lo contrario, lo que se estaría creando es un traje a la medida de quienes siempre han visto en los bomberos una oportunidad de beneficio personal, y no el compromiso de fortalecer una institución que, a pesar de todas sus limitaciones, sigue siendo una de las más respetadas por la sociedad dominicana.
Reflexión final
Eliminar los rangos de los bomberos no solo sería un error técnico, sino también histórico y moral. Una reforma sin disciplina ni jerarquía es un salto al vacío que pondría en riesgo la seguridad del país. Los bomberos merecen respeto, apoyo y fortalecimiento, no debilitamiento.
La patria les debe mucho desde 1880, y hoy más que nunca, el Congreso tiene la obligación de escuchar a quienes arriesgan su vida todos los días para proteger la de los demás.
