La madrugada de este jueves no será una más en la vida deportiva de Marileidy Paulino. Será el momento en que la República Dominicana contenga la respiración ante la final de los 400 metros planos del Campeonato Mundial de Atletismo en Tokio. Y no es para menos: la campeona defensora se enfrenta al mayor reto de su carrera, una carrera que ya la ha hecho inmortal en el corazón del pueblo.
El “miedo” que impulsa
Decir “me da miedo” no es una confesión de derrota, sino un reconocimiento al poder del desafío. Ese miedo previo a la salida es el mismo que sienten los grandes gladiadores antes de entrar en la arena: una mezcla de adrenalina, respeto por los rivales y conciencia de lo que está en juego. Paulino no llega como favorita en los números —su 49.82 la coloca en séptima posición entre las clasificadas—, pero sí como la atleta que ha demostrado inteligencia estratégica, temple en la pista y capacidad de sorprender en el momento decisivo.
Rivalidad de titanes
La final se anuncia como un choque histórico.
- La bareiní Salwa Eid Naser, campeona mundial en 2019, con 49.47, parece volver a su mejor forma.
- La estadounidense Sydney McLaughlin-Levrone, dueña de un registro impresionante (48.29), es vista como la gran candidata a romper la prueba.
Frente a ellas, Marileidy encarna la incógnita, la carta impredecible. No hay duda de que ambas favoritas saben que para coronarse deberán pasar por la dominicana, la misma que en Budapest 2023 dio una lección de valentía y estrategia.
Estrategia y corazón
Paulino ha corrido con aparente reserva en sus eliminatorias, lo que algunos interpretan como parte de un plan calculado. Si se confirma que ha estado guardando energías, la final podría ser el escenario perfecto para un golpe de autoridad. La clave estará en los últimos 100 metros: ahí donde Marileidy suele crecer, mientras el resto empieza a ceder.
El peso de la historia
Más allá de las marcas, lo que está en juego es la consolidación de una de las carreras más brillantes del deporte dominicano. Un triunfo no solo reafirmaría su reinado, sino que colocaría a la República Dominicana en la élite permanente del atletismo mundial. Una derrota, en cambio, no sería fracaso: sería el recordatorio de que la grandeza también se mide en la valentía de enfrentar a las mejores sin complejos.
Sí, da miedo. Pero es ese miedo el que alimenta la gloria. Marileidy Paulino está ante un examen supremo. Pase lo que pase en la pista, ya es leyenda. Pero si cruza primera la meta, no será solo una victoria personal: será un grito de orgullo nacional, el rugido de una isla que corre en cada zancada de su “Gasela”.
