El apagón del martes no debió ocurrir. Eso lo sabe el Gobierno, lo sabe el país y lo sabe cualquiera con sentido común. Pero lo que sí resulta inadmisible es la forma en que el Dr. Leonel Fernández, con su conocida teatralidad política, aprovechó el incidente para lanzar una vez más su discurso de catástrofe nacional, como si no hubiese gobernado este país durante tres largos períodos en los que tuvo en sus manos todo el poder para arreglar lo que hoy critica.

Leonel reaccionó al apagón como si hubiese descubierto la electricidad. Aseguró, de manera técnica y comprobablemente incorrecta, que el Metro poseía “40 megavatios” de respaldo inmediato, demostrando con claridad que su intención no era informar, sino manipular. Cuando un expresidente y líder político comunica datos falsos, no es un error: es una estrategia.

Pero lo verdaderamente ofensivo es el descaro. Porque si alguien contribuyó a la fragilidad histórica del sistema eléctrico dominicano, fue precisamente él.
Gobernó 12 de los últimos 30 años, doce años en los que el país sufrió apagones estructurales, subsidios desbordados, contratos cuestionables y un sistema incapaz de sostener la demanda. Fue el PLD de Leonel el que dejó el sector eléctrico convertido en un barril sin fondo.

Y ahora, desde la comodidad de la oposición, pretende dar cátedra de eficiencia.

Leonel Fernández ha perfeccionado el arte de gobernar sin gobernar: ofrecer discursos de estadista desde una cabina de radio mientras el país recuerda que él tuvo tres oportunidades de oro para transformar estructuras que jamás tocó.
Hoy posa como crítico implacable, pero en sus tres gobiernos permitió que se profundizaran los mismos males que ahora denuncia:

  • Educación que no educaba.
  • Un sistema eléctrico quebrado.
  • Una institucionalidad débil.
  • Obras públicas convertidas en plataformas para contratistas privilegiados.

La postura actual de Leonel no es oposición; es oportunismo. No busca corregir, sino sabotear. No propone, sino denuncia selectivamente. Y no lo hace por convicción, sino por cálculo electoral.

Su estilo es el mismo de siempre: convertir cualquier problema nacional en un espectáculo donde él, y solo él, aparece como el iluminado que sabe lo que nadie más sabe. Pero cuando tenía el poder absoluto, su voluntad de transformar fue mínima. Prefirió administrar la política en lugar de transformar el país.

El país necesita oposición seria, no nostalgia disfrazada de liderazgo.
Necesita ideas, no monólogos.
Necesita responsabilidad, no figuras que viven de criticar lo que ellos mismos no hicieron.

Leonel Fernández fue presidente tres veces. Lo que no arregló entonces, no puede pretender arreglarlo ahora desde Twitter.

Y mucho menos puede usar un apagón aislado —que hasta la BBC reportó como un hecho excepcional— para revivir el guion del caos que tanto le conviene políticamente.

La República Dominicana ya no está para circo.
Y mucho menos para la política del espectáculo que el Dr. Fernández insiste en reciclar.

Por Héctor Julio Peña

Editor 849 Noticias

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