Por Israel López

Hablar de dirigir los destinos de un país implica manejar las diversas situaciones que se presentan en el desarrollo de un gobierno, las cuales impactan directamente a los ciudadanos. Supone, además, lidiar a diario con problemáticas tanto nacionales como internacionales, poseer el peso político, el carácter y el respeto de los sectores fácticos que gravitan en la sociedad. Estos son algunos de los atributos que debe reunir un político que aspire a ser presidente de una nación.

También resulta fundamental la preparación académica, las capacidades adquiridas, la experiencia, la visión, las ideas y el sustento partidario (estructura), a fin de canalizar y presentar un proyecto político viable y exitoso. Entendemos que la experiencia en política es esencial para presentar una propuesta de esta naturaleza, ya que permite un mayor conocimiento de los temas profundos de la nación y aporta una acumulación de saberes que, en el futuro, servirán para enfrentar y solucionar situaciones adversas.

En el caso que nos ocupa, la República Dominicana, país que vive momentos trascendentales en los ámbitos político, social y económico, además de un crecimiento en sus estructuras institucionales, necesita continuar por los senderos del desarrollo social y la consolidación de políticas públicas, sin dar espacio a improvisaciones derivadas de la falta de experiencia.

Las argumentaciones aquí expuestas responden al fenómeno de popularidad del senador por el Distrito Nacional del partido Fuerza del Pueblo, Omar Fernández, quien aparece en diversas mediciones con un balance positivo en la preferencia electoral, incluso en muchas ocasiones por encima de su padre, el tres veces presidente de la República, Leonel Fernández. Por esta razón, algunos grupos de esa organización política y sectores de la sociedad ven con buenos ojos que Omar sea el candidato presidencial para el año 2028.

No se puede negar la popularidad y simpatía del joven político, especialmente entre el segmento de la población de 18 a 45 años, que constituye su principal nicho electoral. En gran medida, su accionar político se dirige hacia ese sector, como se evidencia, por ejemplo, en sus reclamos sobre la indexación salarial.

Ahora bien, ¿es suficiente caer bien y tener simpatía para dirigir los destinos de un país? Claro que no. Omar Fernández ha sido diputado por la circunscripción número 1 del Distrito Nacional y actualmente es senador de la capital, además de contar con una militancia partidaria relativamente breve, desde los años 2019–2020 en la Fuerza del Pueblo hasta la fecha.

No se le descarta por su juventud, ya que la edad no constituye un impedimento para dirigir una nación. Sin embargo, así como la juventud no es un obstáculo, la popularidad por sí sola tampoco es un aval suficiente ni una certificación automática de capacidad para gobernar. El liderazgo político exige preparación, experiencia, visión de Estado y un compromiso real con los intereses colectivos, más allá del respaldo coyuntural que puedan reflejar las encuestas o el entusiasmo del momento.

Omar Fernández puede esperar y continuar su proceso de formación. Sería conveniente que acumule experiencia en el tren gubernamental, ya sea en ministerios o en posiciones de representación en el exterior, donde pueda enfrentar problemáticas reales y ejecutar proyectos de impacto nacional. Observarmos que quienes han gobernado el país con relativo éxito desde 1990 hasta la fecha, en su mayoría, contaban con una dilatada experiencia en los asuntos del Estado o con una larga carrera política.

Un ejemplo claro es el expresidente Joaquín Balaguer, considerado por muchos como uno de los grandes transformadores del país, quien sentó las bases del desarrollo y crecimiento nacional gracias a su vasta experiencia en los asuntos de Estado. Balaguer no llegó de la noche a la mañana al poder; se formó durante años, y su longevidad nunca fue un obstáculo para ejercer el liderazgo con una visión de Estado acumulada a lo largo del tiempo.

De igual manera, Leonel Fernández, aunque no había dirigido previamente una institución estatal, contaba con una sólida carrera política dentro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y con una amplia trayectoria académica. Desde 1990 había dado a conocer su visión a través de conferencias en todo el territorio nacional, especialmente durante la campaña de 1994, cuando fue candidato vicepresidencial junto al profesor Juan Bosch.

En el caso de Danilo Medina, cuyo gobierno es considerado por muchos como uno de los más eficientes en términos administrativos, su gestión se sustentó en un profundo conocimiento de los asuntos del Estado y en la implementación de políticas públicas de impacto social. Medina había desarrollado, durante décadas, un discurso político coherente e inclusivo, además de su experiencia en el Congreso Nacional y su militancia de más de treinta años en el PLD.

Por otro lado, el actual presidente Luis Abinader, aunque no había ocupado cargos públicos electivos ni funciones gubernamentales previas, sí contaba con una larga militancia partidaria, primero en el PRD y luego en el PRM. Desde temprano mostró su aspiración presidencial, trabajó en la construcción de un equipo, articuló un discurso y presentó una propuesta clara al país en los procesos electorales del año 2012, 2016 y finalmente en el 2020, cuando logró ganar las elecciones en primera vuelta.

La propuesta de “Cambio” presentada por Abinader caló en la conciencia nacional, ya que los distintos sectores conocieron previamente su visión e ideas. A pesar de ser un presidente relativamente joven al asumir el poder, supo comunicar su proyecto de nación antes de llegar al gobierno y con un balance positivo en ejecución gubernamental, según las mediaciones que realizan a nivel nacional.

En ese sentido, actualmente no se conoce con claridad la visión de Estado de Omar Fernández ni su pensamiento ideológico respecto al rumbo del país. Si bien posee virtudes importantes, aún faltan elementos fundamentales para asumir una candidatura presidencial en este momento. Lo más prudente es que continúe su proceso de preparación y acumulación de experiencia, ya que las circunstancias actuales no parecen ser las más adecuadas para esa aspiración, “lo demás es un salto al vacío, debido a la improvisación”.

Por Héctor Julio Peña

Editor 849 Noticias

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