Santo Domingo, República Dominicana – En un giro que parece sacado de un guion de redención, la reciente inauguración de las modernas instalaciones de Mía Cargo en Boca Chica no solo marca un hito en el sector logístico dominicano, sino que también arroja luz sobre un episodio controvertido del pasado: el acuerdo fallido entre el Instituto Postal Dominicano (Inposdom) y esta empresa bajo la dirección de Adán Peguero. Lo que en 2021 fue tildado de escándalo y llevó a la destitución de Peguero, hoy se revela como una iniciativa visionaria que, de haber prosperado en el ámbito público, podría haber transformado el Correo Dominicano en una entidad rentable y moderna.
Recordemos los hechos. En 2021, durante la gestión de Adán Peguero al frente de Inposdom, se firmó un acuerdo con Mía Cargo Group para modernizar el servicio de paquetería internacional. El convenio buscaba aprovechar el auge del comercio electrónico y la logística global, permitiendo que Inposdom se beneficiara de inversiones privadas para mejorar su infraestructura y generar ingresos para el Estado. Según Peguero, el acuerdo estaba diseñado para eliminar pérdidas y posicionar al Correo como un jugador competitivo en el mercado logístico, un sector en expansión gracias al e-commerce. Sin embargo, una investigación periodística de Nuria Piera expuso irregularidades, como la ausencia de un proceso de licitación pública, lo que desató un escándalo que culminó en la suspensión del contrato y la salida de Peguero de la institución.
Peguero, quien defendió vehementemente el acuerdo argumentando que ya estaba en marcha cuando asumió el cargo y que representaba una oportunidad para revitalizar una entidad estatal obsoleta, fue calificado de corrupto en el fragor del debate público. La controversia escaló hasta investigaciones por la Dirección General de Contrataciones Públicas y la Unidad Antifraude, y eventualmente, Mía Cargo demandó al Estado dominicano por US$10 millones en un tribunal de Florida, alegando incumplimiento contractual. Aunque la demanda fue desestimada en 2024 por cuestiones de autoridad en la firma del acuerdo, el daño reputacional para Peguero ya estaba hecho.
Pero el tiempo, como juez implacable, ha ofrecido una reivindicación inesperada. Tras la cancelación del acuerdo, el CEO de Mía Cargo, Diego Vestillero, no se desanimó. En lugar de ello, impulsó el proyecto de manera privada, invirtiendo en infraestructura y operaciones independientes. El resultado: el 9 de marzo de 2026, Mía Cargo inauguró su nuevo hub logístico en Boca Chica, un centro equipado con una clasificadora automática capaz de procesar más de tres millones de paquetes al mes, junto al lanzamiento de su aerolínea de carga, Clouds Air, aún en proceso de aprobación regulatoria.
Mía Cargo ahora factura millones y crea 1,700 empleos… justo lo que Adán Peguero quiso hacer con el Correo.
Este hub no es solo una instalación moderna; es un motor económico. Genera 200 empleos directos y más de 1,500 indirectos, cuenta con una red de 190 oficinas y una flota de 50 camiones a nivel nacional. Además, Mía Cargo ha asegurado la exclusividad en la distribución de Temu en la República Dominicana, una plataforma de e-commerce que ha revolucionado el mercado global, entre otros negocios que amplían su cobertura. El evento de inauguración contó con la presencia de altos funcionarios, como Nelson Arroyo, director general de Aduanas, quien lo calificó como un “hito” para posicionar al país como centro de distribución en el Caribe, y representantes del Ministerio de Industria y Comercio.
Lo que llamaron “robo al Estado” ahora es un hub logístico de vanguardia
Esta éxito privado valida la pertinencia de la visión original de Peguero. Lo que se escandalizó como una privatización encubierta ahora demuestra su viabilidad: una alianza público-privada podría haber convertido a Inposdom en una fuente de ingresos para el gobierno, en lugar de un lastre presupuestario. En palabras del periodista Julio Martínez Pozo en su comentario en “El Zol de la Mañana”, Peguero fue “el calumniado”, víctima de un escándalo que opacó una oportunidad real de modernización.
Hoy, mientras Mía Cargo prospera y contribuye al desarrollo logístico nacional, surge la pregunta: ¿Y si el acuerdo con Inposdom hubiera seguido adelante? La respuesta parece clara en los hechos: Adán Peguero no era un corrupto, sino un visionario cuya idea el tiempo ha reivindicado. Es hora de restaurar su honor y reconocer que, en el turbulento mundo de la política dominicana, no todo escándalo es sinónimo de culpa.
Adán Peguero fue crucificado por una idea que hoy genera miles de empleos: ¿Quién le pide disculpas ahora?
Edgar Caraballo
Ingeniero Electromecánico
