La reciente asignación de un espacio importante del espectro radioeléctrico dominicano en bandas estratégicas por un período de 20 años a Viettel, empresa de ministerio de defensa de Vietnam, para el despliegue de infraestructura de telecomunicaciones en República Dominicana, ha sido justificada en el debate público a partir de dos premisas que no resisten el análisis riguroso.
La primera premisa sostiene que el volumen de intercambio comercial constituye, por sí mismo, un indicador de alianza estratégica confiable. Se argumenta que, en tanto Estados Unidos absorbe más de 140.000 millones de dólares anuales en exportaciones vietnamitas y constituye el principal destino de exportación del país, Vietnam deviene automáticamente un socio estratégico alineado con Washington.

La evidencia histórica refuta esta equivalencia. Durante décadas, Estados Unidos fue el mayor socio comercial y el principal comprador de mercancías de la República Popular China. Esa interdependencia económica no impidió que Washington declarara formalmente a Beijing su principal rival estratégico y una amenaza a su seguridad nacional. El volumen comercial no equivale a alianza de seguridad.
Este principio es plenamente aplicable al caso vietnamita. Vietnam practica una doctrina de política exterior denominada “diplomacia del bambú”: una estrategia de autonomía que consiste en doblarse según los intereses del momento, manteniendo simultáneamente Asociaciones Estratégicas Integrales con China y con Estados Unidos, sin comprometerse de forma exclusiva con ninguno. Su inserción exportadora en el mercado estadounidense es un dato económico relevante, pero no elimina su autonomía estratégica.
La segunda premisa incurre en una falsa equivalencia entre industria ligera e infraestructura crítica. Se equipara la fabricación del 55% de los tenis Nike, el suministro de café o de componentes electrónicos, con el control y operación del núcleo de telecomunicaciones de un Estado. Esta analogía es conceptualmente débil y geopolíticamente peligrosa.
Fabricar bienes de consumo no tiene implicaciones de ciberseguridad ni de soberanía de datos. Una red 5G y el espectro radioeléctrico sí las tienen. Constituyen el canal por donde circulan las bases de datos del Estado, el sistema financiero, las comunicaciones gubernamentales y la inteligencia nacional. Un par de tenis jamás comprometerá la seguridad de un país; una red troncal de telecomunicaciones puede hacerlo.
En este contexto, la naturaleza jurídica y orgánica de Viettel no es un detalle menor. No se trata de una empresa privada extranjera cualquiera. Es un consorcio estatal vinculado directamente al Ministerio de Defensa y al aparato militar de Vietnam, cuyo liderazgo está integrado por oficiales de alta graduación.
Los vínculos tecnológicos de Viettel con el ecosistema chino no son especulación. En junio de 2025, Huawei firmó con Viettel un acuerdo de transferencia de tecnología 5G y de cooperación estratégica, según confirmación del propio Ministerio de Defensa de Vietnam. El 31 de agosto de 2025, durante la visita oficial del primer ministro vietnamita a China con motivo de la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, el Viceministro de Defensa de Vietnam, Teniente General Hoàng Xuân Chiến, se reunió en territorio chino con un representante de Huawei. En esa reunión se instruyó implementar de forma efectiva el acuerdo de junio, acelerar la investigación y transferencia de tecnología 5G/6G, garantizar el suministro de equipos chinos al mercado vietnamita y apoyar la expansión internacional de Viettel. Además, se propuso una visita de una delegación de Viettel a la sede de Huawei en septiembre de ese mismo año.

En paralelo, Vietnam y China han profundizado su cooperación militar y de seguridad. En julio de 2025 realizaron su primer ejercicio conjunto de fuerzas terrestres —“Hand-in-Hand 2025” / “Chung tay đồng hành 2025”— en la región de Guangxi, China. En marzo de 2026 celebraron en Hanói la primera reunión ministerial del mecanismo “3+3”, que integra a los ministerios de Exteriores, Defensa y Seguridad Pública de ambos países. La defensa y la seguridad constituyen oficialmente uno de los pilares de su Asociación Estratégica Integral de Cooperación.
Todo esto ocurre mientras Estados Unidos, bajo la lógica de America First, utiliza aranceles, cadenas de suministro y el origen del capital y la tecnología como instrumentos de política exterior. República Dominicana acaba de enfrentar un nuevo gravamen arancelario y mantiene en el CAFTA-DR una de las columnas vertebrales de su relación económica y de seguridad con Washington. En ese escenario, introducir en la infraestructura crítica a una empresa estatal militar de un país que profundiza simultáneamente su cooperación tecnológica y de seguridad con China no es una decisión neutral.
Por tanto, la pregunta correcta no es si Viettel puede operar de manera eficiente o si Vietnam tiene la intención de causar daño a República Dominicana. La pregunta correcta es si un Estado pequeño, aliado estratégico de Estados Unidos y profundamente integrado a su mercado, debe incorporar a su infraestructura crítica —sin un debate público serio sobre implicaciones de seguridad, inteligencia tecnológica y soberanía de datos— a una compañía estatal extranjera vinculada a un ecosistema que Washington considera un riesgo.
La geopolítica moderna no se juega en las fábricas de calzado ni en los sacos de café. Se define en el control de los datos, las redes y las telecomunicaciones. Confundir una cosa con la otra no es realismo económico: es miopía estratégica. Y las miopías de este tipo suelen cobrarse, más temprano que tarde, en la moneda de la política exterior.
Edgar Caraballo
Ingeniero Electromecánico
