Migración e Hipocresía: Cuando los Responsables se Hacen las Víctimas
La oposición demuestra desesperación y juega con fuego al politizar un problema que ayudó a crear.
Si las autoridades dominicanas no lo impiden, el grupo paramilitar La Antigua Orden Dominicana pretende convertir Friusa, un barrio en Bávaro, Punta Cana, en el escenario de una protesta contra la presencia de inmigrantes haitianos. Este movimiento, conocido por su discurso ultranacionalista y xenófobo, podría generar tensiones que pongan en riesgo la estabilidad social y la imagen internacional del país. Para empeorar la situación, la oposición política —que durante 20 años contribuyó al crecimiento del problema migratorio que ahora critica— parece dispuesta a aprovechar esta crisis para tratar de debilitar al gobierno.
Fundada en 1993 como un centro comercial y residencial, Friusa se ha convertido con el tiempo en un punto de concentración para inmigrantes haitianos, muchos de ellos en situación irregular. Este fenómeno no es reciente: es el resultado de décadas de políticas migratorias irresponsables y de la explotación de mano de obra barata en sectores como la construcción y el turismo.


Durante los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y la Fuerza del Pueblo, que dominaron el poder por dos décadas, no se tomaron medidas efectivas para regular la inmigración ilegal. La falta de control permitió que comunidades como El Hoyo, en Friusa, crecieran sin supervisión, generando un problema que hoy estos mismos partidos intentan achacar exclusivamente al gobierno de Luis Abinader, ignorando su propia responsabilidad histórica.
La Antigua Orden: Una Amenaza para la Paz y la Imagen del País
Fundada en 2018, La Antigua Orden Dominicana ha ganado notoriedad por su retórica incendiaria y sus acciones violentas, incluyendo el ataque a una manifestación en 2022. Su protesta en Friusa no es una legítima expresión de preocupación ciudadana, sino un acto peligroso que podría derivar en enfrentamientos violentos y reforzar las críticas internacionales contra la República Dominicana.
En un contexto donde las deportaciones masivas —más de 276,000 en 2024, según CNN— ya han puesto al país bajo escrutinio, con acusaciones de racismo por parte de organizaciones como Amnistía Internacional, una manifestación de este tipo solo agravaría la situación.
Resulta particularmente indignante que la oposición, liderada por figuras del PLD y la Fuerza del Pueblo, intente explotar este problema para atacar al gobierno de Abinader. Durante sus dos décadas en el poder, no solo ignoraron el crecimiento de la inmigración ilegal, sino que permitieron que se convirtiera en un desafío estructural. Ahora, con un cinismo evidente, buscan presentarse como defensores de la soberanía nacional, utilizando el descontento popular como arma política. Esta hipocresía es inaceptable: no pueden lavarse las manos de un problema que ellos mismos generaron y alimentaron con su inacción.
Su objetivo es atacar una de las políticas más exitosas del gobierno de Abinader.
En contraste con la inacción de administraciones anteriores, el gobierno de Luis Abinader ha implementado medidas firmes para combatir la inmigración ilegal, marcando un antes y un después en la política migratoria dominicana. Una de las iniciativas más destacadas es la construcción de un muro fronterizo con Haití, una obra sin precedentes que busca reforzar el control territorial y frenar el ingreso irregular de personas. A esto se suma un notable aumento en las deportaciones: solo en 2024, más de 276,000 individuos fueron deportados, con un ritmo que alcanzó las 10,000 deportaciones semanales de haitianos indocumentados en los últimos meses del año. Además, se han endurecido las políticas contra quienes contratan a inmigrantes ilegales, imponiendo sanciones más estrictas a empleadores, especialmente en sectores como la construcción, para desincentivar la demanda de mano de obra indocumentada.
El problema migratorio en Friusa y en todo el país merece soluciones serias, no protestas violentas ni oportunismo político. El gobierno debe seguir aplicando las leyes migratorias con firmeza, pero garantizando el respeto a los derechos humanos y evitando excesos como redadas arbitrarias o la separación de familias, según han reportado NPR y AP News.
Al mismo tiempo, la oposición debe abandonar su estrategia de confrontación y contribuir con propuestas constructivas que aborden las raíces del problema, en lugar de avivar las tensiones para obtener réditos electorales.
En conclusión, la protesta de La Antigua Orden debe ser rechazada por su peligrosidad y su potencial para dañar al país. Asimismo, la oposición debe ser señalada por su doble moral al explotar un problema que ayudó a crear. Resolver el desafío de la inmigración haitiana requiere unidad, responsabilidad y humanidad, no divisiones ni discursos de odio. Es momento de que todos los sectores trabajen juntos por una solución justa y sostenible.
Condenamos enérgicamente tanto la protesta planeada como la instrumentalización hipócrita de un problema que la propia oposición ayudó a crear.
Edgar Caraballo
Ingeniero Electromecánico
