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El relativismo de Protágoras y la ética tomista: Un diálogo necesario.

ByHéctor Julio Peña

May 25, 2024

Por: José Antonio González

Protágoras, con su célebre afirmación “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no son”, nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del conocimiento y la verdad. Según este sofista griego, el conocimiento es esencialmente relativo y está determinado por la percepción individual de cada ser humano. Esta perspectiva sugiere que nuestras sensaciones, y no las cosas en sí mismas, constituyen nuestro conocimiento del mundo.

El relativismo de Protágoras, sin embargo, no se detiene en la epistemología; se extiende también al ámbito moral. Si cada individuo es la medida de lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, entonces la moral se convierte en una cuestión subjetiva. Lo que es moralmente correcto para una persona puede no serlo para otra. Este relativismo moral es la base de muchas corrientes filosóficas como el cinismo y el hedonismo, y plantea serios desafíos para la convivencia social y la búsqueda del bien común.

Protágoras no distinguía claramente entre el individuo y el género humano, lo que le llevó a una epistemología subjetivista y un individualismo relativista. Esta perspectiva podría justificar tanto una democracia individualista como una filosofía de vida centrada en el beneficio personal. No obstante, Protágoras también reconocía que para la vida social, la justicia es esencial. A través del mito de Prometeo, señala que mientras las artes fueron distribuidas de manera diversa entre los hombres, Zeus otorgó la justicia a todos por igual, como una condición necesaria para la paz y la coexistencia.

En contraste, Santo Tomás de Aquino, influenciado por la tradición aristotélica y el pensamiento cristiano, ofrece una visión distinta del ser humano y su lugar en el mundo. En su *Suma Teológica*, Santo Tomás define al ser humano como una “sustancia individual de naturaleza racional”, enfatizando la unión sustancial de alma y cuerpo. Para él, el ser humano es un ser racional y libre, dotado de voluntad para desear lo que se le presenta como objeto y capaz de obrar según un determinado fin.

La filosofía tomista ve al ser humano como un ser autoperfectible, que puede obrar de manera virtuosa y escoger libremente su meta en la vida, que es la felicidad. Este enfoque introduce una dimensión ética universalista, en la que el bien y la justicia no son meramente subjetivos, sino que están anclados en la naturaleza racional del ser humano y en una moral objetiva.

El diálogo entre la visión relativista de Protágoras y la ética objetiva de Santo Tomás de Aquino nos permite explorar las complejidades de la naturaleza humana y la moral. Mientras que el relativismo protágoreo nos alerta sobre la importancia de la percepción individual y la diversidad de experiencias humanas, la filosofía tomista nos recuerda la necesidad de una base moral común para la convivencia y el desarrollo humano.

En la práctica política y social, este diálogo puede enriquecer nuestra comprensión de la justicia y el bien común. Podemos reconocer la diversidad de percepciones y experiencias humanas sin perder de vista la necesidad de principios éticos universales que promuevan la justicia y la paz. Así, la visión relativista de Protágoras y la ética objetiva de Santo Tomás de Aquino, aunque aparentemente opuestas, pueden complementarse y ofrecer una perspectiva más rica y matizada sobre la condición humana y la moralidad.

Lectura recomendada:
•Tratado de teología Suma Teológica, del filósofo católico Santo Tomás de Aquino.
•Curso de historia del pensamiento político de Francisco Antonio Avelino.

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