Serie especial sobre el futuro de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales

La Universidad Autónoma de Santo Domingo, y en particular la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, no está para improvisaciones. No está para dinámicas superficiales ni para convertir los espacios académicos en escenarios de entretenimiento. Aquí se forman economistas, administradores, planificadores, contadores, profesionales que deben tomar decisiones que impactan la realidad del país.

Por eso, el momento exige una cosa: seriedad comprobada.

Ramón Nicolás Jiménez Díaz no es una apuesta. Es una trayectoria consolidada. Más de cuatro décadas ininterrumpidas en la docencia universitaria, formando generaciones bajo un mismo principio: rigor intelectual. Profesor titular, director de la Escuela de Economía, académico de carrera. No es una figura de ocasión; es parte estructural de la institución.

Su experiencia trasciende el aula. En el sistema financiero dominicano, específicamente en el Banco de Reservas, ocupó posiciones de alto nivel en cumplimiento y gestión de riesgos. Esto implica algo muy concreto: manejar presión real, prevenir desviaciones, imponer orden donde otros fallan. Ese tipo de experiencia no se simula, no se improvisa y, sobre todo, no se sustituye con carisma.

Porque aquí está el punto central: la Facultad no necesita espectaculo. Necesita dirección.

En tiempos donde todo tiende a simplificarse en apariencia, en presencia escénica o en impacto inmediato, es fácil confundir visibilidad con capacidad. Pero dirigir un espacio académico no es generar atención; es sostener criterio, construir procesos y garantizar resultados.

Nicolás Jiménez representa exactamente eso:
control, método y profundidad.

Su producción intelectual es muy amplia y va desde los artículos, análisis económicos, participación en medios, no busca aplausos rápidos. Está orientada a explicar, a contextualizar, a elevar el nivel del debate. Ese es el estándar que una facultad como esta debería defender.

La elección es clara, aunque no siempre se diga en voz alta:
o se fortalece la institucionalidad, o se diluye en dinámicas que distraen de lo esencial.

Ante una sociedad cada vez más exigente, la UASD no necesita histrionismo. Necesita dirección. Y la dirección no se improvisa: se construye con trayectoria, se sostiene con carácter y se ejerce con sobriedad.

Un vicedecano no es una figura decorativa; es un decano en potencia. Su rol no es sustituir, sino estar preparado para representar, coordinar y asumir funciones de dirección cuando sea necesario. No ocupa la titularidad, pero en cualquier momento puede ser delegado para asumir funciones clave o, ante la ausencia del decano, tomar las riendas del decanato.

Por eso la decisión no es menor: ¿quién quieres que te represente cuando llegue ese momento?

Foto de perfil

Edgar Caraballo

Ingeniero Electromecánico

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