El huevo de Chú

ByEdgar Caraballo

Oct 21, 2026

Las declaraciones de Jesús “Chu” Vásquez sobre David Collado en El Sol de la Mañana deberían preocupar a quienes aspiran a que el PRM conserve el Gobierno más allá de 2028. Al minimizar la trayectoria partidaria del ministro de Turismo para destacar su preferencia por Carolina Mejía, el veterano dirigente recurrió a una práctica cuyas consecuencias conoce de cerca: descalificar a un compañero para favorecer una aspiración.

El PRD tenía arraigo popular, dirigentes nacionales y una militancia capaz de movilizar al país. Sin embargo, pasó años consumiendo en sus conflictos internos las energías que necesitaba para conquistar el poder. Sus derrotas tuvieron distintas causas, pero las rivalidades, las expulsiones y la dificultad para reunificarse después de cada contienda debilitaron sus posibilidades. Demasiadas veces, ganar una disputa interna parecía más importante que ganar las elecciones nacionales.

La crisis que desembocó en el nacimiento del PRM dejó esa lección. La nueva organización surgió de una ruptura política y de la necesidad de construir un espacio donde las diferencias no hicieran imposible la convivencia. Sus fundadores conocían el precio de convertir al compañero en adversario permanente.

Por eso resulta preocupante que uno de ellos vuelva al lenguaje de la exclusión. Chu tiene derecho a respaldar a Carolina y defender sus méritos. Lo desacertado es hacerlo disminuyendo a David, cuya trayectoria también forma parte del patrimonio político del PRM.

Collado fue diputado entre 2010 y 2016 y presidió la Comisión de Turismo de la Cámara de Diputados. Después conquistó la Alcaldía del Distrito Nacional, que encabezó entre 2016 y 2020. Aquella victoria ocurrió cuando el PRM estaba en la oposición y necesitaba demostrar capacidad para competir, ganar y gobernar. Desde 2020, como ministro de Turismo, ha asumido otra responsabilidad de primer orden dentro del Gobierno de Luis Abinader.

Para una organización interesada en permanecer en el Gobierno, desconocer los aportes de uno de sus principales liderazgos es un error terrible. Cada aspirante reúne simpatías que el partido necesitará conservar después de escoger su candidatura. Una descalificación puede arrancar aplausos dentro de una corriente y, al mismo tiempo, dificultar el reencuentro posterior.

La historia del PRD ofrece advertencias suficientes: un partido puede salir de una convención con un ganador y llegar debilitado a las elecciones. Ocurre cuando los agravios de la competencia interna pesan más que el compromiso con la victoria común.

La respuesta del dirigente y ministro Yayo Sanz Lovatón mostró un camino más útil: defender la trayectoria de David y reconocer los méritos de otros compañeros. Esa actitud permite competir sin cerrar las puertas al entendimiento.

Por eso Chu puso un huevo de avestruz. Por la dimensión del desacierto y por la experiencia de quien lo cometió. Un fundador del PRM debería advertir cuándo sus palabras comienzan a reproducir aquellas prácticas que tanto le costaron al viejo PRD.

Un partido con vocación de poder resuelve sus diferencias dentro de casa. Si hay trapos sucios, los lava allí; no sale a demeritar a uno de sus principales dirigentes y aspirantes presidenciales. Lo de Chu parece un acto de desesperación y una resistencia al relevo generacional que merece el rechazo de la militancia perremeísta.

Ya que habló de ADN, debería revisar cuánto de aquellas prácticas del viejo PRD permanece en su manera de hacer política. El PRM nació para superarlas, no para reproducirlas. Tiene vocación de poder, y conservarlo exige reconocer el valor de sus liderazgos, respetar la competencia interna y entender que ninguna preferencia personal puede estar por encima del futuro del partido.

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