Una victoria holgada de David Collado: la verdadera garantía de unidad en el PRM

ByEdgar Caraballo

Sep 12, 2026

En ingeniería,, las estructuras no se diseñan al límite exacto de su resistencia; se calculan con márgenes de seguridad amplios para soportar cualquier sismo sin agrietarse. En política rige la misma lógica, cuando un partido en el poder ignora la elocuencia de los datos y fuerza las los elementos, el edificio colapsa. El PRM no puede salir a disputar unas elecciones generales con dudas de cohesión. La unidad real no se decreta, se construye con contundencia para evitar el desgaste del pataleo.

​Nadie cuestiona que otros compañeros aspiren. Tienen méritos y están en su derecho de medir fuerzas. Pero la madurez política consiste en saber leer el tablero de control cuando los números año tras años marcan una tendencia irreversible. La historia del propio PRM ofrece el plano exacto: en abril de 2015, Luis Abinader derrotó a Hipólito Mejía con un demoledor 70.24% frente a un 28.61%. Aquel 70 a 28 no dejó espacio para reclamos ni impugnaciones; fue un nocaut que obligó a la integración de todos sin chistar y sirvió de zapata para alcanzar el Palacio Nacional.

​Hoy, la posibilidad de repetir esa contundencia no es remota, es una realidad que descansa sobre una maquinaria política aplastante. David Collado no solo lidera de forma sostenida todas las encuestas dentro y fuera de la organización; cuenta ya con el respaldo mayoritario y formal de la estructura de poder del PRM: 14 senadores, 81 diputados, 92 alcaldes municipales y 116 directores distritales.

Esa masa crítica territorial articulada en las principales plazas del país con liderazgos como Ulises Rodríguez en Santiago, Dío Astacio en Santo Domingo Este y Alfredo Pacheco en el Distrito Nacional, se complementa con la adhesión de figuras neurálgicas del gabinete y del partido como Eduardo Sanz Lovatón («Yayo»), Neney Cabrera, Kelvin Cruz, Víctor D’Aza, Jean Luis Rodríguez, Víctor Atallah, Julio Landrón, Mario Lama, Guillermo Lama y Juan Manuel Méndezentre y Franklin García Fermín entre muchos otros dirigentes de primer nivel. No estamos hablando de simpatías aisladas, sino del corazón operativo e institucional del perremeísmo alineado en torno a un solo proyecto.

​Un triunfo por margen cerrado en el proceso interno sería un contrasentido y un peligro innecesario seria abriría la puerta a la sospecha, a la división y a un reparto forzoso de parcelas para apagar fuegos. Por el contrario, ratificar en las urnas esta aplastante correlación de fuerzas le otorga a David Collado la solvencia y la autoridad moral para convocar a un consenso real, digno y generoso, integrando a cada sector sin necesidad de chantajes.

​El camino hacia la continuidad del poder exige cerrar filas a tiempo. Frente a una estructura tan contundente y un respaldo popular indiscutible, la victoria holgada de David Collado es el único resultado lógico para blindar el triunfo en 2028 y cerrar el paso al pataleo.

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