La designación de Xiomara Guante Valdez como directora ejecutiva del Instituto Nacional de Atención Integral a la Primera Infancia (INAIPI) tiene una lectura que va más allá de un simple cambio de funcionario. A una institución dedicada al cuidado, la formación y el desarrollo de los niños más pequeños del país llega una maestra con más de 40 años de experiencia, y con ella llega una forma distinta de entender la gestión: desde la educación, desde la formación y desde el conocimiento directo de la realidad que enfrenta el sistema educativo.
El INAIPI es una institución demasiado sensible como para que su conducción quede reducida a la lógica tradicional de la política partidaria. Allí no se administran únicamente presupuestos, programas o estructuras burocráticas; se trabaja con niños en una etapa fundamental de sus vidas, con familias y con comunidades que necesitan atención, protección, estimulación y acompañamiento.
Por eso resulta particularmente significativa la decisión del presidente Luis Abinader de colocar al frente de esta institución a una profesional cuya trayectoria comenzó y se desarrolló fundamentalmente en la educación.
Xiomara Guante no llega al INAIPI con una experiencia construida exclusivamente en oficinas públicas. Llega con cuatro décadas de aula, de contacto con estudiantes, maestros y comunidades; llega con el conocimiento que proporciona haber dedicado buena parte de una vida a enseñar y a entender cómo se forma una persona.
Ha sido presidenta de la Asociación Dominicana de Profesores, representante ante el Parlamento Centroamericano y viceministra en el Ministerio Administrativo de la Presidencia. Es decir, tiene experiencia política y de gestión pública. Pero, por encima de esas responsabilidades, su principal carta de presentación para dirigir el INAIPI es su condición de educadora.
Y ahí está precisamente el valor de la designación.
No se trata de decir que la política desaparece de la administración pública. Se trata de reconocer que hay instituciones donde el criterio político debe ceder espacio al criterio profesional, especialmente cuando la misión institucional está directamente relacionada con una materia que requiere conocimiento especializado.
En el INAIPI, ese conocimiento tiene nombre: educación, cuidado y primera infancia.
Una maestra de cuatro décadas entiende que la formación de un niño no comienza cuando entra a la escuela primaria. Entiende la importancia de los primeros años, del entorno familiar, de la estimulación temprana, de la alimentación, del cuidado y de la relación entre el desarrollo emocional y el aprendizaje.
Ese conocimiento no se adquiere en una reunión política ni en un despacho administrativo. Se construye durante años de trabajo con seres humanos en proceso de formación.
Por eso, la llegada de Xiomara Guante puede interpretarse como una señal clara de especialización: en una institución cuya misión es cuidar y desarrollar a la primera infancia, el Gobierno apuesta por alguien que ha dedicado su vida precisamente a la educación.
La diferencia no está simplemente en quién ocupa el cargo, sino en desde dónde se mira la institución.
Un político puede mirar el INAIPI desde la estructura, las posiciones y la gestión de poder. Una educadora está llamada a mirarlo desde el niño, desde la familia, desde el aula y desde las necesidades concretas de quienes están comenzando a construir sus capacidades para la vida.
Y esa diferencia importa.
Porque cuando se trata de la primera infancia, el resultado de una buena gestión no debería medirse únicamente en inauguraciones, nombramientos o estadísticas administrativas, sino en niños mejor atendidos, familias acompañadas y oportunidades reales de desarrollo.
Xiomara Guante llega, entonces, con una responsabilidad enorme, pero también con una ventaja que difícilmente puede improvisarse: 40 años de experiencia en educación.
La designación envía un mensaje que merece ser destacado: hay áreas del Estado donde la experiencia política puede ser útil, pero existen otras en las que el conocimiento profesional debe tener la última palabra.
El INAIPI es una de ellas.
Llega una maestra. Y con ella, el criterio de quien ha dedicado cuatro décadas a formar personas puede comenzar a ocupar el lugar que durante demasiado tiempo suele reservarse a la lógica política.
Redaccion 849Noticias.com
Edgar Caraballo
