En el Congreso Nacional se discute una reforma al Código de Trabajo que podría marcar un antes y un después en la historia laboral de República Dominicana. Bajo el argumento de “modernizar la legislación” y “estimular el empleo”, sectores empresariales impulsan cambios que amenazan con debilitar uno de los derechos más sagrados del trabajador dominicano: la cesantía.
El disfraz de la modernización
La narrativa empresarial insiste en que la cesantía —el pago que recibe un trabajador cuando es despedido sin causa— representa un obstáculo para la competitividad, que desalienta la formalidad y que asfixia a las pequeñas empresas. Pero esta visión omite una verdad fundamental: la cesantía no encadena, protege. Es la garantía mínima de justicia frente a la incertidumbre del despido, y su eliminación no resolverá los problemas estructurales del mercado laboral.
Las pymes no están en crisis por pagar prestaciones, sino porque enfrentan una competencia desigual frente a grandes grupos económicos que concentran el mercado, reciben exenciones fiscales y gozan de privilegios que los pequeños nunca verán. Usar a las pymes como excusa para recortar derechos es una manipulación que busca enfrentar a los pobres entre sí mientras los grandes capitales amplían su margen de ganancia.
Lo que está en juego
El proyecto de reforma propone modificar el cálculo de la cesantía, establecer topes y aplicar nuevas reglas solo a contratos futuros. Aunque estas medidas parecen técnicas, su impacto es profundamente humano: abaratar el despido significa precarizar la vida del trabajador, debilitar su capacidad de negociación y aumentar su vulnerabilidad.
Eliminar o reducir la cesantía no es eficiencia, es desprotección. Y hacerlo en nombre de la “modernización” es un retroceso social disfrazado de progreso.
Una advertencia política
El gobierno y los legisladores tienen ante sí una decisión histórica. Si permiten que se cercene este derecho, no solo enfrentarán el rechazo electoral, sino una mancha imborrable en la memoria colectiva del pueblo. La historia enseña que los pueblos olvidan los discursos, pero no las traiciones. Y traicionar al trabajador sería suicida para cualquier fuerza política que aspire a representar el cambio y la esperanza.
La defensa de la dignidad
La cesantía no es un privilegio, es una conquista ganada con décadas de lucha sindical, con sudor, con despidos injustos y con lágrimas de familias que aprendieron a defender su dignidad. Pretender eliminarla bajo el argumento de que “ya existe la seguridad social” es ignorar que el sistema de pensiones y salud no sustituye el derecho al resarcimiento por despido. Son cosas distintas: una protege el futuro, la otra garantiza justicia en el presente.
Lo que el país realmente necesita
República Dominicana no necesita menos derechos, necesita más oportunidades. No necesita abaratar el despido, necesita mejorar el salario, reducir la evasión fiscal y exigir responsabilidad a los grandes empresarios.
Mientras tanto, el trabajador seguirá exigiendo respeto, porque sin justicia laboral no hay paz social, y sin paz social no hay desarrollo posible.
Edgar Caraballo
