Quemar después de leer
La República Dominicana atraviesa un momento decisivo: la modernización de sus instituciones de seguridad no puede seguir esperando. El presidente Luis Abinader ha demostrado un afán inquebrantable en lograr una nueva Policía, dedicando tiempo personal y capital político a una reforma que está en marcha. A ello se suma una inversión sin precedentes en recursos económicos destinados a mejorar salarios, adquirir equipos, vehículos y tecnología de punta, así como en la formación y dignificación de los agentes. Una muestra clara de ese compromiso fue cumplir la promesa de campaña de que ningún policía ganaría menos de 500 dólares, algo que parecía inalcanzable y hoy es una realidad. Ese esfuerzo histórico sienta las bases de la policía moderna que el país necesita y merece.

Pero mientras el DICRIM siga existiendo, esa meta será inalcanzable. El DICRIM no es una manzana podrida; es el saco completo lo que está perdido. En lugar de combatir el crimen, se ha convertido en un refugio de privilegios y corrupción. Ser asignado a esa unidad es como ganarse la lotería: poder desmedido, dinero fácil y una licencia no escrita para matar bajo el amparo del Estado.

Plantear el desmantelamiento del DICRIM no es algo descabellado. Ya en el pasado se han eliminado departamentos de la Policía Nacional y no se acabó el mundo. Recordemos que en 2021 el Consejo Superior Policial dispuso la eliminación inmediata de la Dirección Central de Antinarcóticos (DICAN), tras múltiples cuestionamientos. Si se pudo desmontar la DICAN, también se puede y se debe desmontar el DICRIM.

Los tristemente célebres “intercambios de disparos” se han transformado en la fórmula mágica para cerrar expedientes incómodos, eliminar delincuentes que ya no resultan útiles o borrar rastros de complicidad. Ese mecanismo, usado de manera indiscriminada, es en realidad una puerta abierta a la impunidad y a la extorsión, que degrada a la propia Policía y destruye la confianza de la ciudadanía.

Peor aún, Asuntos Internos no funciona. No investiga, no sanciona, no controla. Atado a la propia Policía Nacional, se pierde entre complicidades, amistades y corrupción.

Mientras no se convierta Asuntos Internos en una unidad adscrita al Ministerio Público, con independencia real y recursos suficientes, seguirá siendo un cascarón vacío.

Los lujos de los miembros del DICRIM, oro abundante y visible en el cuerpo, apartamentos lujosos y vehículos de alta gama, están a la vista de sus propios compañeros, sin que nadie los cuestione. Ese silencio cómplice es una señal de hasta dónde ha calado la corrupción dentro de la estructura policial.

La pregunta de fondo es inquietante: ¿qué pasa con estos hombres entrenados para matar cuando son desvinculados de la Policía? ¿Dónde se insertan? ¿A qué intereses responden después? La sociedad dominicana no puede seguir ignorando ese riesgo.

El país necesita un cuerpo élite que enfrente la criminalidad más dura, pero no con el modelo del DICRIM. Hace falta un equipo con ética, disciplina, formación tecnológica, inteligencia criminal y un compromiso absoluto con los derechos humanos. Un equipo supervisado con rigor, que trabaje para la seguridad, no para intereses propios.

La policía que queremos es una policía moderna, profesional y respetada. Una policía que investigue, no que ejecute. Que prevenga, no que extorsione. Que actúe con transparencia, apoyada en la inteligencia, no en la arbitrariedad. Para lograrlo, hay que tener la valentía de desmontar lo que ya no sirve y construir desde cero una nueva unidad anticriminal acorde a los tiempos.

El DICRIM debe ser desmantelado. Y debe serlo ya.

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Edgar Caraballo

Ingeniero Electromecánico

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