La designación de Gloria Reyes como ministra de la Mujer no constituye un hecho fortuito ni una simple reubicación administrativa. Se trata, más bien, de un reconocimiento político e institucional a una trayectoria marcada por resultados concretos, capacidad de gestión y la confianza sostenida del presidente Luis Abinader, quien ha apostado por su liderazgo en áreas estratégicas del Estado.

Reyes asumió en agosto de 2020 la dirección de Progresando con Solidaridad, programa que posteriormente fue transformado y relanzado como Supérate, eje central de la política de protección social del Gobierno. Bajo su conducción, el programa experimentó una profunda reingeniería institucional, orientada a pasar de un enfoque asistencialista a uno de desarrollo social integral, con énfasis en la corresponsabilidad, la inclusión productiva y la atención a poblaciones vulnerables, especialmente mujeres jefas de hogar.

Durante su gestión, Supérate amplió y reorganizó sus componentes estratégicos, incluyendo apoyo alimentario, acompañamiento sociofamiliar, subsidios focalizados, programas de cuidados y el eje Supérate Mujer, consolidándose como el principal brazo social del Gobierno dominicano. Estos avances fortalecieron la institucionalidad del sistema de protección social y posicionaron a Supérate como un referente regional en políticas de inclusión.

El nivel de confianza depositado en Gloria Reyes quedó nuevamente evidenciado cuando el Poder Ejecutivo la ratificó y luego la promovió como directora general de la nueva Dirección de Desarrollo Social Supérate, tras la fusión con la Administradora de Subsidios Sociales (ADESS), proceso complejo que implicó coordinación interinstitucional, modernización administrativa y mayor control del gasto social .

Este recorrido —directora de un programa social, luego directora general de una entidad fortalecida y ahora ministra— marca una línea clara de ascenso basada en desempeño. Su nombramiento al frente del Ministerio de la Mujer representa no solo una continuidad lógica, sino una señal política inequívoca: el Gobierno reconoce en Gloria Reyes a una funcionaria con la capacidad técnica, la sensibilidad social y la firmeza institucional necesarias para conducir una agenda tan delicada como estratégica.

Ante quienes argumentan que Supérate era una posición “más atractiva” por su alcance presupuestario y operativo, la discusión obliga a mirar el Estado desde una perspectiva más profunda. Todo depende de la visión con la que se conciba la función pública: si se entiende el poder como negocio o clientelismo, algunos podrían considerar más conveniente dirigir un programa social de gran presupuesto; si se asume la política como vocación, construcción institucional y legado, entonces conducir un ministerio constituye un reconocimiento superior y un claro avance personal y político.

En ese contexto, el paso de Gloria Reyes de directora a ministra no representa una pérdida de poder, sino una ratificación de confianza, una elevación de responsabilidades y un reconocimiento explícito a una gestión que demostró resultados, capacidad y compromiso con el interés público.

En un país donde la promoción en el Estado suele ser cuestionada, el caso de Gloria Reyes proyecta un mensaje distinto: el trabajo sostenido, los resultados medibles y la lealtad institucional generan confianza. De Supérate al Ministerio de la Mujer, su designación confirma que, en esta ocasión, el ascenso es también un reconocimiento.

Edgar Caraballo

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