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EL FRACASO DE LA INCONSTITUCIONAL CUOTA DE GÉNERO

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En la República Dominicana, las mujeres tienen una ventaja significativa en términos de representación electoral debido a varios factores clave que resaltan su posición privilegiada frente a los hombres.

Primero, el nivel de educación superior de las mujeres es notablemente más alto que el de los hombres. En la matrícula universitaria, por cada 10 hombres, hay 18 mujeres. Además, más del 68% de los egresados de las universidades dominicanas son mujeres. Este alto nivel de educación sugiere que las mujeres tienen un voto de mayor calidad, ya que la educación superior generalmente está asociada con una mayor conciencia cívica y un entendimiento más profundo de los procesos políticos.

Segundo, las mujeres no solo son mayoría en términos de educación, sino también en términos de población y participación electoral. Según las proyecciones de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) para el año 2025, habrá aproximadamente 5,454,505 mujeres y 5,423,759 hombres en la República Dominicana, resultando en una brecha de 30,746 mujeres más que hombres. Además, los datos de la Junta Central Electoral (JCE) indican que las mujeres lideran el grupo de votantes tanto en el padrón local como en el exterior, con un 51.0% y 53.9% respectivamente.

Adicionalmente, la esperanza de vida de las mujeres dominicanas es mayor, siendo de 78.13 años en comparación con los 72.56 años de los hombres, una diferencia de 5.57 años. Esto significa que las mujeres no solo son más numerosas, sino que también tienen una mayor presencia en la sociedad durante más tiempo.

Además de todas estas ventajas, la Ley 20-23 establece el cumplimiento de cuota de género en cargos electivos, lo que obliga a los partidos políticos a incluir a las mujeres a pesar de no ser electas en las primarias. Sin embargo, esta imposición no ha logrado cambiar significativamente la representación, ya que la representación masculina sigue siendo abrumadoramente mayoritaria en todos los órdenes. Esto refuerza la idea de que las mujeres que finalmente salen electas son aquellas que ganan sus procesos internos de manera legítima, desarrollando un trabajo social y político como fundamento de su carrera hacia posiciones de poder.

Por lo tanto, dado que las mujeres son mayoría en el padrón electoral y tienen un nivel educativo superior, son quienes finalmente eligen a los presidentes y representantes. Esto indica que, si una mujer no sale electa en un cargo político, no es por una desventaja de género, sino porque las mismas mujeres son las que están votando por hombres.

En conclusión, aunque existen mecanismos legales para promover (imponer) la participación femenina, las mujeres que finalmente llegan a ocupar cargos políticos lo hacen a través de su propio mérito y trabajo dentro de los partidos, lo que refleja una representación electoral basada en la competencia y la capacidad.

Edgar Caraballo

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