La oposición dominicana tiene un don peculiar: transformar cualquier hecho cotidiano en un terremoto político. Basta con que cierre un restaurante en cualquier esquina del país y de inmediato se desata el apocalipsis económico. Se escuchan discursos cargados de pesimismo, se publican tuits como si fueran parte de un parte de guerra y se montan shows mediáticos que harían pensar que el colapso del sistema financiero internacional empezó en Los Alcarrizos porque cerró un negocio de mofongo.
Es una estrategia tan vieja como gastada: exagerar lo mínimo, manipular la percepción y sembrar la idea de que todo marcha mal. El problema es que esa visión reduccionista de la economía no convence más allá del círculo de fanáticos que consume cada drama y Fake News como si fuera la última serie de Netflix. El ciudadano común sabe que los restaurantes pueden cerrar por múltiples razones: malas decisiones de gerencia, cambios en el mercado, variaciones en los costos o simplemente porque el dueño se cansó. Eso no es ni remotamente un indicador de la economía nacional.
EL PALO DE AMAZON
Mientras la oposición se entretiene con esos “cuentos de quiebra”, la realidad va por otro carril. Esta semana el gobierno dominicano anunció un logro de dimensión internacional: Amazon, una de las empresas más grandes y poderosas del planeta, tendrá un vuelo diario hacia la República Dominicana y convertirá al país en su segundo hub logístico en el Caribe. Un verdadero palo por los 411, como decimos en buen dominicano.
No hablamos de un pequeño proyecto, sino de un paso histórico que coloca a la nación en el mapa de la conectividad global y la confianza empresarial.
Es el típico contraste dominicano: para la oposición, un restaurante que cierra es el fin del mundo; para la inversión extranjera, la República Dominicana es un destino confiable y estratégico. ¿Qué pesa más en términos de futuro? ¿El drama montado en redes sociales o la confianza depositada por una multinacional que no se guía por rumores, sino por estudios serios y proyecciones concretas?
La política dominicana necesita oposición seria, de propuestas, de visión de país. Pero mientras se pierda tiempo en escándalos ridículos y narrativas de tragedia inventada, será difícil que esa oposición suba en los números. Porque el pueblo puede no ser economista, pero sabe distinguir entre una fritura cerrada y un acuerdo con Amazon.
Al final, los hechos son tercos: la oposición hace ruido con frituras, y el gobierno hace historia con Amazon. Esa es la diferencia entre la política del lamento y la política del progreso.

