Se dice en los campos de toda Latinoamérica que “cuando las hormigas se quieren perder, alas les quieren nacer”. Es una forma sabia y popular de advertir que, cuando alguien se desvía de su esencia o se deja llevar por la arrogancia, termina echando por la borda lo que con esfuerzo construyó. Ese refrán cobra fuerza cuando miramos ciertas decisiones políticas que, lejos de fortalecer, parecen hechas para tentar la suerte. Y es que en política, como en la naturaleza, hay caminos que por más tentadores que parezcan, conducen al despeñadero.
Cuando un partido no tiene claro por qué ganó el poder, corre el riesgo de administrarlo desde la embriaguez del triunfo. En ese estado, se presta a creatividades peligrosas, creyendo que el poder lo legitima todo. El caso del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) está aún fresco y cercano como para ignorar las consecuencias de esa desconexión con la realidad.
Pero, ¿a qué viene todos esto?
En un escenario hipotético, si el Partido Revolucionario Moderno (PRM) decida posicionar al compañero Alfredo Pacheco como la Secretaría General del partido, el daño no se haría esperar: el PRM perdería, de inmediato, cerca del 40% del apoyo externo no partidario que hoy sostiene buena parte de su legitimidad social, y colocando en situación de dudas el otro segmento faltante. Si estás leyendo este artículo no hace falta recordarte el pasado y sus detalles.
No es un secreto que los partidos no ganan elecciones con su militancia sola. Lo que define una victoria es la capacidad de conquistar y sostener la confianza del electorado externo, ese sector independiente y pensante que no se casa con siglas, pero sí con las señales de madurez, transparencia, renovación y vanguardismo.
Esto no quiere decir que el PRM estaría condenado a la derrota para las elecciones del 2028. Pero sí que estaría comprometiendo seriamente su capital político, forzando al candidato presidencial de turno a emprender una nueva campaña no solo electoral, sino de reconquista de la confianza. Un desgaste innecesario, evitable, y totalmente incoherente con la promesa de cambio que dio origen a este gobierno.
En política, cada paso cuenta. Y en este momento, más que audacias personales, lo que el PRM necesita es sentido de responsabilidad colectiva. El poder no se hereda ni se improvisa; se construye con coherencia, con visión, y sobre todo, con memoria.

