Matrícula de TODO el sistema de Educación Superior Dominicano se Desplomó

ByEdgar Caraballo

Oct 20, 2026

El debate por la baja de estudiantes en la UASD ha dejado fuera un dato decisivo: el sistema universitario dominicano perdió 78,025 matriculados entre 2019 y 2024. Varias universidades privadas registraron descensos incluso mayores, pese a la expansión de los programas públicos de becas.

Santo Domingo. En medio de los cuestionamientos que han circulado sobre la reducción de la matrícula de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), buena parte de la discusión se ha concentrado en una sola institución. La preocupación es legítima: cuando una universidad pública pierde estudiantes, hay razones para preguntar qué está pasando. El problema comienza cuando una cifra se convierte en sentencia sin examinar lo que ocurre en el resto del país.

Dicho en buen dominicano, algunos análisis «se fueron con el amague»: vieron la baja de la UASD y se quedaron ahí. Faltó poner el dato al lado de las demás universidades, mirar los años en que comenzó la caída y preguntarse qué estaba pasando en los hogares dominicanos cuando miles de jóvenes tenían que escoger entre estudiar, trabajar o aportar al sustento de sus familias.

El propio Informe General sobre Estadísticas de Educación Superior 2024 del MESCYT muestra que el problema no comenzó ni terminó en la UASD. Es una contracción de alcance nacional, con efectos muy diferentes según el perfil de cada universidad. Segun las propias estadísticas oficiales del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT) muestran que el sistema pasó de 598,549 estudiantes en 2019 a 520,524 en 2024, una disminución de 78,025 alumnos, equivalente al 13 %.

Los datos corresponden al Informe General sobre Estadísticas de Educación Superior 2024, que presenta la evolución histórica de las instituciones del país. La contracción fue especialmente marcada a partir de 2020, año en que comenzó la pandemia de COVID-19 y se produjo una fuerte perturbación de la actividad económica, el empleo y la enseñanza presencial.

Matrícula de todo el sistema de educación superior. Fuente: MESCYT, cuadro 125. Elaboración gráfica propia.

El golpe coincidió con la pandemia

En 2019, el sistema alcanzó 598,549 estudiantes. En 2020 descendió a 546,387 y en 2021 a 524,412. Es decir, 74,137 estudiantes menos en apenas dos años. La cifra permite dimensionar el quiebre, aunque no basta para atribuir todas las bajas exclusivamente a la crisis sanitaria.

El impacto económico ofrece un contexto relevante: pérdida de ingresos familiares, interrupciones laborales, costos de conectividad y dificultades para compatibilizar estudios con trabajo son factores que pudieron afectar la continuidad educativa. Determinar cuánto pesó cada uno requiere estudios de permanencia y abandono por institución.

La recuperación tampoco ha sido lineal. Tras caer a 511,578 estudiantes en 2022, la matrícula subió a 539,301 en 2023, pero volvió a disminuir a 520,524 en 2024. La matrícula nacional de 2024 todavía se encontraba por debajo de la registrada en 2019.

La UASD no fue la única que perdió estudiantes

La UASD pasó de 236,547 estudiantes en 2019 a 194,909 en 2024, una reducción del 17.6 %. Sin embargo, universidades privadas también registraron descensos significativos: la Universidad O&M perdió aproximadamente un 39.5 % de su matrícula, UTESA un 37.9 % y UNAPEC un 18.1 % durante el mismo período, según las series del MESCYT.

Otras instituciones siguieron el camino contrario: PUCMM, UAPA y UNICARIBE aumentaron su matrícula. La comparación obliga a mirar no solo la pandemia, sino también las diferencias de oferta académica, modalidades de enseñanza, captación de estudiantes y condiciones institucionales.

Comparación de universidades con índice 2019 = 100; permite contrastar cambios porcentuales entre instituciones de distinto tamaño. Fuente: MESCYT, cuadro 125.

Por tanto, no es estadísticamente correcto presentar la pérdida de matrícula como un problema exclusivo de la UASD. Pero tampoco sería correcto afirmar que todas las universidades cayeron o que sus resultados fueron idénticos.

Ni las becas pudieron revertir la caída de la matrícula universitaria

Pero hay otro elemento que hace todavía más interesante el comportamiento de las estadísticas y que obliga a profundizar en las posibles causas de esta crisis: la matrícula universitaria disminuyó en medio de importantes esfuerzos del Estado dominicano por ampliar las oportunidades de acceso a la educación superior.

Durante el período 2020-2024, el Gobierno, a través del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT), desarrolló un amplio programa de becas nacionales e internacionales, procurando que las limitaciones económicas no impidieran a miles de jóvenes continuar su preparación académica.

Según las cifras ofrecidas por el propio ministerio, entre agosto de 2020 y julio de 2024 fueron otorgadas 32,095 becas nacionales, dirigidas a estudiantes de todas las provincias del país, con una inversión anunciada de aproximadamente RD$3,992 millones.

La iniciativa no se limitó a las grandes ciudades. El programa buscó ampliar las oportunidades educativas hacia comunidades y provincias que históricamente habían tenido mayores dificultades para acceder a determinados programas universitarios.

En febrero de 2024, el MESCYT abrió una convocatoria nacional que involucró 52 instituciones de educación superior y alrededor de 500 programas académicos, incluyendo carreras técnicas, licenciaturas, especialidades, maestrías y doctorados.

El Gobierno también puso especial énfasis en las carreras vinculadas a ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, conocidas como STEM, procurando responder a las necesidades de formación profesional del mercado laboral.

Y no se trató únicamente de becas nacionales. Durante 2024 también se anunciaron oportunidades internacionales en 59 universidades de distintos países, mediante una oferta de aproximadamente 549 programas académicos.

Sin embargo, mientras estas iniciativas procuraban facilitar el acceso a las aulas universitarias, las estadísticas nacionales continuaban mostrando una matrícula inferior a la registrada antes de la pandemia.

El propio informe estadístico del MESCYT correspondiente a 2024 registra 7,018 becas otorgadas ese año, de las cuales 5,301 fueron nacionales y 1,717 internacionales.

La respuesta debe ser nacional

La información demanda una investigación de alcance nacional sobre ingreso, permanencia, reingreso y graduación, diferenciada por sexo, edad, provincia, ingresos y modalidad de estudio. Una política pública que se limite a señalar a una universidad dejaría fuera el comportamiento del resto del sistema.

El MESCYT advierte además que el total de 2024 incorpora valores estimados para tres instituciones que no reportaron oficialmente su matrícula ese año; por tanto, esa cifra debe interpretarse con la cautela metodológica indicada en el informe.

Captura del cuadro 125 del informe del MESCYT: serie histórica de matrícula por institución, 2010–2024.

¿Y si el problema no está solamente en las universidades?

Aquí es donde el debate debe abandonar las explicaciones simplistas.

Porque una cosa es facilitar el pago de una carrera universitaria y otra, muy distinta, es garantizar que un joven tenga las condiciones económicas y familiares para mantenerse estudiando.

En la realidad dominicana, especialmente en los sectores populares, estudiar implica mucho más que pagar una inscripción.

Hay que disponer de dinero para el transporte, alimentación, materiales, equipos tecnológicos y conexión a internet. Pero también hay que contar con algo que muchas veces resulta todavía más difícil: tiempo para estudiar sin que la necesidad de producir ingresos termine imponiéndose sobre la formación académica.

Un joven puede recibir una beca y, aun así, verse obligado a abandonar temporalmente sus estudios porque perdió su empleo, porque sus padres ya no pueden sostenerlo o porque necesita contribuir al mantenimiento de su hogar.

Esta realidad adquiere mayor relevancia cuando se observa que el cambio de tendencia coincide con la pandemia de COVID-19, una crisis que afectó el empleo, los ingresos familiares y las condiciones de vida de millones de personas en todo el mundo.

En ese contexto, resulta razonable investigar si las consecuencias económicas y sociales de aquella crisis continuaron condicionando las decisiones educativas de los jóvenes dominicanos incluso después de levantadas las restricciones sanitarias.


La matrícula masculina enciende una señal de alarma: educación superior e informalidad

En 2024, solo uno de cada tres estudiantes de educación superior era hombre. Las autoridades deben investigar qué está alejando a los varones de las aulas y qué papel desempeña el mercado laboral informal.

Detrás de la caída general de la matrícula aparece una desigualdad que merece atención específica. En 2019, el sistema de educación superior registraba 215,751 hombres; en 2024 quedaban 176,651, una disminución del 18.1 %. La matrícula femenina pasó de 382,798 a 343,873, una reducción del 10.2 %.

En consecuencia, en 2024 las mujeres representaban aproximadamente 66.1 % de la matrícula y los hombres apenas 33.9 %. Esta brecha no demuestra por sí misma deserción masculina: también influyen las diferencias de ingreso, graduación, reingreso y traslado. Pero sí plantea una pregunta urgente sobre las trayectorias educativas de los hombres.

Matrícula nacional por sexo. Fuente: MESCYT, cuadro 126. Elaboración gráfica propia.

Una advertencia a las autoridades

La informalidad juvenil tampoco es una hipótesis abstracta. Un análisis del Ministerio de la Juventud estimó una tasa de informalidad del 57.2 % entre los hombres jóvenes en 2022. En el conjunto de la población ocupada, el Banco Central informó una informalidad promedio del 54.1 % para 2025.

Es una advertencia sobre el riesgo de que la urgencia de generar ingresos termine desplazando proyectos de formación profesional, especialmente entre los hombres jóvenes, y de que el país normalice esa disyuntiva sin investigarla.

El MESCYT, el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de la Juventud, el INTRANT y las universidades deberían cruzar datos para conocer cuántos jóvenes abandonan o posponen estudios por razones económicas; cuántos combinan educación y trabajo informal; y qué medidas —becas de sostenimiento, horarios flexibles, formación técnica y mecanismos de reinserción— podrían facilitar su regreso.

Si los hombres se están alejando proporcionalmente más de la educación superior, la respuesta no puede limitarse a contar matrículas. Hay que averiguar dónde están, por qué salieron y qué oportunidades reales tienen para volver.

Fuentes: MESCYT, Informe General sobre Estadísticas de Educación Superior 2024, cuadros 125 y 126; INTRANT, Informe Semestral 2024; Ministerio de la Juventud; Banco Central; Listín Diario y Diario Libre.

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